Semillas eidogénicas

 






Semillas eidogénicas

* Eidogénesis de la Escala de relevancia crítico-extética

Para que una obra de arte sea relevante desde un punto de vista histórico-crítico ha de cumplir con alguna de éstas condiciones, de una manera concluyente:
1. Innovar en las formas o instaurar una idea-forma-estructura que produzca un cambio de paradigma formal.
Creación de formas nuevas u originales y ensamblaje y articulación de dichas ideas-formas-estructuras.
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Hay que tener presente que: Una idea-forma-estructura no es únicamente una innovación formal, sino un nuevo régimen de inteligibilidad.
Cuando aparece, no solo cambia las formas, reorganiza aquello que es posible pensar, sentir y percibir en un período histórico.
Su potencia se evalúa no solo por su novedad sino también por su capacidad de reorganizar el campo de posibles.



2. Innovar en los símbolos de los contenidos arquetípicos, que siempre responden a las mismas inquietudes del ser humano desde el principio de la historia; adaptándolos a los nuevos contextos y medios técnicos.
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Los símbolos arquetípicos no cambian en su raíz, pero sus vectores de actualización sí, porque la cultura misma es un aparato de traducción.
El artista relevante si no inventa símbolos: los re-sintetiza, los descompone, los desplaza, los injerta.
Así produce mutaciones del inconsciente cultural: pequeñas o grandes torsiones que alteran la manera en que el símbolo actúa sobre la psique colectiva.


3. Proponer una filosofia práctica o "forma de  mejora alternativa en el vector definido por la cuaterna: bondad-belleza-verdad-economia generativa, ética y sostenible.
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La cuaterna no es un conjunto de valores, sino que constituye un vector dinámico que orienta cualquier creación hacia un equilibrio fértil:

• Bondad: impacto ético y cuidado del mundo.

• Belleza: coherencia interna y resonancia sensorial.

• Verdad: fidelidad ontológica a la experiencia.

• Economía generativa: sostenibilidad y expansión de posibilidades.

La obra relevante es la que activa tensiones creativas entre estos cuatro polos sin que ninguno anule a los otros.


4. Cumplido alguno de los puntos anteriores, la obra entra en la escala de intensidad estética según la teoria eidogénica-informacional extética; donde el grado máximo es el de éxtasis crítico-funcional estético; y el grado mínimo es el de muy baja intensidad extética.
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La intensidad extética es la densidad eidogénica de una obra.
A mayor densidad, mayor presencia del “campo absoluto” (Charismathéia) en la forma.

• Baja intensidad: la forma cubre apenas lo necesario para ser reconocida.

• Alta intensidad: la forma se vuelve portal, pasaje, umbral; hay más realidad que representación.

• Éxtasis crítico-funcional: la forma rebasa al observador y lo reorganiza.



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Pensar en el collage picassiano o principio-collage universal y en el principio de assemblage o ensamblaje de Rauschenberg como ejemplos.
Al mismo tiempo el acierto de ambos con dar en la propia esencia del arte como ensamblaje de formas y realidades.



Hay que pensar tambien en lo propuesto por Merleau-Ponty en el sentido de que el arte aparece en la misma percepción de la realidad, ... "toda percepción es ya obra” y “toda obra rehace la percepción".
Se podría decir pues, que la creación artística se trata de una manifestación relativa de una inteligencia superior absoluta de la cual el artista es medium y de la cual participamos; pero no es una manifestación sin más,  sino que se trata de una manifestación que a la vez nos proyecta a un futuro y nos devuelve al origen en un ciclo infinito,  como acto transcendente.


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La obra de arte existía previamente a la creación material, en la agencia del campo cuántico y acrónico de Charismathéia,  la matriz del todo.  El artista actúa como medium trayendo en un acto puramente eidogénico la forma al mundo material y la obra empieza a existir en el mismo momento de su percepción original. El artista, en cuerpo y mente, es el primer Testigo. A partir de ese momento se desarrolla la vida de la obra.
El observador elige y es el elegido, dador de vida; el co-creador junto con el propio artista y esa instancia o aquél punto infinito; llámese Charismathéia, Inteligencia Infinita, Dios o Nada.
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Dicho de otro modo: la obra no “preexiste” como un objeto definido, sino como un estado de superposición eidética en Charismathéia: un conjunto de potencialidades formales esperando un Testigo.

“El símbolo no es nunca expresión de un objeto conocido, sino de algo que todavía se halla por conocer.”
- Psicología y alquimia - C.G.Jung

El artista actúa como antena sensible que colapsa la forma en un instante perceptivo:
la obra nace cuando es vista por primera vez.

Ese primer Testigo, el artista, activa la existencia ontológica de la obra.
Todo lo que ocurre después —interpretaciones, lecturas, apropiaciones— son ramificaciones de su biografía extética en el mundo.



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Las creaciones artísticas que quedan por debajo de la escala de relevancia extética no tienen calificación ni juicio critico correspondiente y entran en el rango de arte popular y comercial que queda legitimado por ser la experiencia y expresión propia del artista y a la vez representación del paradigma cultural y vital del momento histórico económico-social que corresponde.

Hay que tener en cuenta que el hecho artístico es, como el místico; un hecho que transita entre órbitas. Es decir: el ámbito de las creaciones del arte popular es el de las órbitas terrestres. El arte que participa de la intensidad de éxtasis crítico-funcional estética, transita, desde las órbitas terrestres, hacia órbitas universales en las que predominan las fuerzas de inteligencia superior.
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Las obras de baja intensidad extética orbitan en la órbita terrestre y responden a deseos, modas, narrativas del presente.

Las obras de alta intensidad extética se elevan hacia las órbitas supraterrestres, donde operan fuerzas de mayor complejidad simbólica y mayor densidad eidogénica.
Lo decisivo no es la técnica ni el prestigio, sino la altitud ontológica a la que la obra es capaz de elevar la percepción.





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El aburrimiento profundo no es un vacío sin sentido: es el marcador fenomenológico del contacto con la Nada, el punto cero desde el cual puede emerger una vida nueva. Cuando el mundo se desactiva y la identidad se disuelve, aparece la náusea: una descarga lumínica y no racional que revela nuestras carencias, desconexiones y distorsiones internas.

Ese estado límite, que puede ocurrir tanto en el privilegiado como en el desesperado, es un umbral eidogénico: la forma del yo se deshace y queda expuesta la potencia de una forma nueva. Por contraste, intuimos lo que podría ser una vida sincronizada, creativa, afectiva y significativa.

La salida es simple y radical:
conocer, comprender y amar.
No somos amados porque no somos comprendidos; no amamos por lo mismo. La bondad surge cuando rompemos esa simetría.

Desde ahí reaparece la energía vital: si quieres vida, vive; si quieres conexión, conecta; si buscas alegría, créala; si deseas utilidad, ofrece tu colaboración. La existencia es una danza que tú mismo coreografías.

Luego llega el trabajo fino: diseñar tu vida desde cero, como una película hecha con precisión, serenidad y detalle. Ascender hacia la cumbre personal y, cuando vuelva el aburrimiento, planear también el descenso y el retorno a la Nada.

La Nada no es el final: es el origen continuo.
Allí siempre nos reencontramos.










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